Hace un par de años, él y yo estuvimos juntos... y yo estaba enamorada de él. Creo que me gustaba todo de él excepto algo tenebroso: su excesiva afición a las drogas, que le convertían en otra persona; no era entonces el chico con el que yo estaba saliendo, sino otro distinto. Él no reconocía que fuera drogadicto -esa palabra le parecía un insulto- sino que se definía a sí mismo como "fiestero". Deben ser matices que utilizan las personas excesivamente aficionadas a las drogas.
Con todo, en ningún momento pretendí cambiarle. Soy de la opinión que, cuando quieres a alguien, le quieres íntegramente, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Es injusto pretender que alguien a tu lado deje de fumar, se vista así o de otra manera, abandone a sus amigos por ti, etc. Es injusto, tiránico y es el comienzo del fin de cualquier relación.
No, yo no le dejé por el hecho de que consumiera drogas.
Yo le dejé porque me mintió.
Descubrí que él era un ser esencialmente mentiroso: me mentía a mí, mentía a mis amigas, mentía a sus amigos, mentía en el trabajo.... y se mentía a sí mismo.
Por eso le dejé.
Ahora, las mil casualidades de la vida han provocado que me vuelva a topar con él... de refilón. Asegura que es feliz en su trabajo y en su vida personal; al parecer, tiene novia "formal". Y,a mí, encaramada al pedestal desde el que veo la vida pasar, se me ocurren tres opciones:
a) Miente en relación a que tiene novia. Está solo.
b) Efectivamente, tiene novia, pero es una relación basada en la mentira.
c) Ha cambiado, ya no es un ser esencialmente mentiroso. Su relación es sincera y magnífica.
Y yo, subida a mi pedestal, desde el que veo el cielo más cerca, creo y afirmo que el ser humano es capaz de cambiar para bien, es capaz de arrepentirse, reflexionar y enmendarse. Creo que la respuesta correcta es la c).
Y vosotros, ¿qué creeis?